Quiero hacer una reflexión en voz alto sobre dos tipos de escuela que avanzan en líneas diferentes pero que pueden tener un punto de encuentro: la escuela que nos hace memorizar y la escuela que nos hace pensar.
La escuela tradicional tenía como meta formar personas-contenedores de conocimiento. El maestro 1.0 impartía sus clases lanzando enormes cantidades de información que el alumno debía memorizar para ir pasando exámenes. A esto se le llamaba “adquirir cultura” que, en la mayoría de los casos, se reducía a una mínima expresión cuando habían transcurrido algunos días tras haber realizado la prueba.
Ante la presencia de dispositivos que contienen la información a la mano, este concepto de escuela ha ido transformándose poco a poco y ahora se ha criticado muchísimo el proceso de memorización, dando una prioridad absoluta a la búsqueda de la información, el proceso de la misma y la extracción de lo que se considera básico para la elaboración de un informe, gráfica o la realización de una tarea que desarrolle las competencias básicas.
Cuando hicimos el vídeo con Ramón con esas preguntas tan complicadas para un niño de su edad, el objetivo fue mostrar que la escuela debe fomentar que el alumnado piense, procese la información, tome la decisión pertinente y conteste a la pregunta o realice la actividad o tarea propuesta.
Para ser maestro 2.0 no se necesitan ordenadores ni nuevas tecnologías sino una actitud bidireccional en la que el alumno/a tiene mucho que aportar y en función de ello, tomar las decisiones a la hora de plantear el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Mi amiga Estrella, cuando vio nuestro vídeo, consideró que a su alumnado le hacía falta un revulsivo y este podría ser un buen medio para lograrlo. Según me cuenta, se queja de que sus chicos/as no piensan, no razonan.
Tras efectuar las mismas preguntas a sus chicos/as y comprobar que en la mayoría de los casos no se consiguieron las respuestas correctas, mostró nuestro vídeo y el comentario unánime fue: “qué listo es el pequeñín”. Además, sintieron la necesidad de que Estrella les plantease nuevas preguntas “de las que te rayan” (hacen pensar).
Quiero hacer constancia de que cuando, hace algunos años, unas alumnas del curso 5º me plantearon la pregunta del color de dientes del bebé, sonreí antes de contestar pues no iba a caer en la trampa de decir que los tenía negros. ¡Los tenía blancos!
Apuesto por una escuela en la que los alumnos y alumnas se diviertan, piensen, razonen, decidan y actúen. Y esto es compatible tanto con la “memorización” como con la “búsqueda”. Cada tipo de escuela tiene sus aspectos positivos y hay que extraer lo mejor de cada una de ellos. No me gustan las decisiones drásticas en las que se dice que el alumno no tiene que memorizar nada pues todo lo tiene al alcance de su mano con un móvil conectado a Internet. Quizás dentro de 10 años me desdiga.
Los chicos y chicas de La Tribu de PCPI nos han demostrado a través de su blog, sus vídeos y presentaciones, que están motivados en su proceso de aprendizaje. Si somos autocríticos y capaces de reconocer que nos hace falta pensar más pero estamos dispuestos y motivados a ello, el camino lo tenemos casi recorrido.